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Las Indiferentes: la murga escolar que nació como proyecto de investigación y hace vibrar a toda la comunidad

El grupo está integrado por Agostina Reula, Delfina Oviedo, Luna Suárez, Kairel Tolay, Diana García, Zoe Guevara y Ramiro Carroll, encargado del estandarte, además de un estudiante de primer año que participa con el repique.

El grupo murguero integrado por las alumnas de sexto año de la Escuela Secundaria Número 5 tuvo un año de crecimiento inesperado.

Su debut fue durante la inauguración de la Semana de las Artes, luego participaron del programa Jóvenes y Memoria y, el último fin de semana, estuvieron a cargo de la apertura del festejo por los treinta años de La Minga.

Acompañadas por la profesora Lula Padilla, repasaron cada una de las etapas de un proyecto que nació como una investigación escolar y terminó convirtiéndose en una expresión artística con proyección propia.

Cada vez que se recorren los establecimientos educativos del distrito, aparecen proyectos que sorprenden por su creatividad y por el compromiso con que los estudiantes se apropian de las propuestas docentes.

La muestra anual de la Secundaria 5 “Roberto Fontanarrosa” fue una prueba de ello: allí se presentó por primera vez Las Indiferentes de barrio Parque, la murga conformada por las alumnas del último año de la orientación Arte Música, bajo la guía de la profesora Padilla.

Tras ese debut, el grupo llevó su música al encuentro provincial Jóvenes y Memoria y, más recientemente, fue convocado para abrir los festejos por los treinta años de La Minga, un reconocimiento que celebraron con entusiasmo.

En la biblioteca de la Secundaria 5, la docente y las estudiantes contaron cómo comenzó todo: la investigación sobre las prácticas del carnaval en Rojas, realizada en el marco del programa Jóvenes y Memoria, fue la semilla del proyecto. Buscaban reconstruir qué agrupaciones habían formado parte de esta tradición, tanto en el pasado como en la actualidad.

Para ello realizaron entrevistas y se vincularon con figuras clave como Graciela Gallo, Araceli Hetem y Diego Albamonte, quien además acompañó al grupo en el trabajo artístico y en el viaje final del proyecto.

La murga empezó a tomar forma a partir de la confección de máscaras, el diseño del estandarte y la exploración de ritmos propios. El proceso superó los límites del programa escolar y terminó constituyendo una agrupación activa, con intención de seguir creciendo más allá de la escuela.

Durante la investigación, descubrieron que los feriados de carnaval habían sido prohibidos durante la última dictadura militar, lo que interrumpió un espacio de celebración comunitaria que luego fue recuperado.

Sin embargo, las murgas y comparsas nunca dejaron de existir, aunque perdieron visibilidad. Recuperar esa tradición fue también uno de los motores del proyecto.

El grupo está integrado por Agostina Reula, Delfina Oviedo, Luna Suárez, Kairel Tolay, Diana García, Zoe Guevara y Ramiro Carroll, encargado del estandarte, además de un estudiante de primer año que participa con el repique. Tocan redoblante, bombo con platillos y realizan coreografías propias.

Los ritmos que interpretan surgieron de distintas influencias de la murga, incluyendo matanzas con tres saltos, rumba y algo de milonga, con la idea de avanzar hacia composiciones propias. Una de ellas será la “retirada”, pensada como un homenaje a su despedida de la escuela al finalizar el ciclo lectivo.

El deseo del grupo es que este proyecto continúe cuando ellas egresen. Consideran fundamental que nuevas estudiantes se sumen para garantizar la continuidad de la murga, que no solo genera un espacio artístico sino también un lugar de encuentro, contención y alegría para compartir con la comunidad.

Sobre la experiencia en Ensenada, donde se realizó el encuentro de Jóvenes y Memoria, recordaron los días compartidos con grupos de distintas localidades y destacaron el intercambio con otras murgas participantes.

Fueron especialmente enriquecedores los momentos con el colectivo Lxs Que Quedamos, quienes les enseñaron pasos de baile, les mostraron cómo confeccionan sus galeras y compartieron técnicas y materiales.

También remarcaron lo valioso del viaje por la convivencia sin conexión a internet, una característica del programa que permitió compartir juegos, mates y actividades con estudiantes de otras escuelas.

Aunque la presentación les generó nervios —fueron el primer grupo en subir al escenario— recibieron elogios por su puesta, sus trajes y su propuesta artística. Algunos grupos incluso les pidieron fotos para inspirar la confección de su indumentaria.

El vestuario fue elaborado por las propias alumnas, respetando colores comunes entre el chaleco y el estandarte. Para la Semana de las Artes, habían diseñado sus propias remeras, que pintaron a mano.

Los ensayos se realizan por la tarde en la casa de la profesora Padilla, aunque no descartan retomar prácticas al aire libre o en distintos espacios de la comunidad para darle mayor visibilidad al proyecto.

Las Indiferentes también buscan sumar una dimensión solidaria. Recientemente participaron en la pintada de un cumpleaños de quince y, en lugar de cobrar dinero, solicitaron alimentos no perecederos que serán destinados a merenderos locales.

La idea es sostener esa iniciativa en los próximos meses y difundirla tanto en La Minga como en las redes sociales que han creado para anunciar sus presentaciones y recibir donaciones.

El deseo final del grupo es claro: que más vecinos las conozcan, que la murga gane espacio en la ciudad y que su experiencia sirva como impulso para que otros grupos de estudiantes puedan crear sus propios proyectos artísticos.

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